Acompañamiento emocional (premios y castigos) por Laura Estremera

 

En este curso que he preparado para profesionales de la etapa 0-3 quiero profundizar sobre las verdaderas necesidades de los niños y las niñas y reflexionar sobre las prácticas que se llevan a cabo generalmente en la escuela durante esta etapa, para que la escuela que ofrecemos durante los tres primeros años sea lo más respetuosa posible con las necesidades infantiles.

Si sueñas con otro modelo de escuela infantil en las que las necesidades se tengan más en cuenta y además te gustaría comprender el desarrollo de una forma práctica, sientes que necesitas más herramientas y te gustaría contar con una pequeña tribu con la que compartir este camino ¡este es tu curso!

Creo que uno de los puntos clave que los docentes debemos plantearnos es cómo acompañamos el área afectiva de los niños y niñas, por eso en el curso abordamos este aspecto a lo largo de 18 lecciones, me parece tan importante, que es el bloque en el que nos detendremos más tiempo.

Y como me parece tan importante quería dejaros una parte de una de las lecciones del curso “Reflexión y profundización sobre las necesidades y prácticas en educación 0-3 años” que trata sobre el acompañamiento emocional.

Entender de dónde venimos, la importancia de los vínculos, cómo se desarrolla el cerebro y algunas de las características del desarrollo de los 0 a los 3 años nos puede ser muy útil para comprender por qué nuestros niños y niñas hacen lo que hacen. Conocerlo es útil para poderlo acompañar y para conocer las necesidades reales y reflexionar sobre tantas prácticas que se realizan en la escuela que no corresponden a necesidades de los pequeños, sino a las de los adultos.

 

En esta lección os voy a hablar del acompañamiento emocional, de qué podemos hacer a grandes rasgos cuando hay un conflicto o una situación emocional intensa, pero antes, voy a hablaros de algo que comúnmente se suele hacer en las aulas como forma de control de la conducta y de las emociones: el premio y el castigo.

Los premios y los castigos como forma aceptada y “científica” de control de los pequeños nació en la época conductista, digo “científica” porque el castigo y el premio se utilizaba desde mucho antes pero en esta época adquirió un toque de “educativo”. Si recordáis por aquella época los conductistas querían hacer de la psicología una ciencia medible, replicable, realizando investigaciones en sus laboratorios generalmente con animales, para llevar las conclusiones a las que llegaban al ser humano. No tenían en cuenta la mente, los sentimientos, las emociones, el vínculo, lo que pasaba por dentro del individuo ni lo que ocurría a largo plazo, importaba controlar la conducta observable. A simple vista sus técnicas eran un éxito ¿cómo hacer que una conducta no aparezca? Pues castigándola; ¿cómo hacer que una conducta aparezca más veces? Premiándola. La tarea del maestro era la de saber aplicar la cantidad adecuada de premio y de castigo en el momento oportuno para que los alumnos y las alumnas hicieran lo que el adulto deseaba. Y digo la cantidad adecuada porque en aquella época ya era bien sabido que los castigos a largo plazo dejaban de funcionar, la criatura se acostumbraba, lo mismo que los premios.

Pero ni los humanos somos palomas, ni podemos ignorar lo que ocurre por dentro del cuerpo, así que aunque funcionen a corto plazo, el precio que se paga, bajo mi punto de vista, es muy alto.

El castigo sólo tiene en cuenta la conducta externa, ignora las razones y los motivos que llevan a la persona a actuar de esa manera. Aunque el castigo elimine esa conducta (pegar, morder, gritar…) como la necesidad sigue presente vuelve a aparecer transformada en otro tipo de conducta ¿no será más lógico atender las causas?

Los premios y los castigos no tienen en cuenta la mente de la persona ni sus emociones, cosa que hoy en día no podemos negar.

La persona castigada no aprende las verdaderas razones de por qué debe de hacer una cosa o no hacerla. Los premios y los castigos generan una motivación extrínseca, es decir, se actúa por el miedo al castigo o por el placer del premio, pero no porque la persona lo haya interiorizado, lo que significa, que una vez se deja de premiar o castigar, vuelve a hacer (o no hacer, en el caso del premio) aquello que se pretendía evitar.

El vínculo se debilita. Ya hemos visto que un vínculo seguro es la base para la estabilidad emocional, para la futura salud mental, para el aprendizaje… el vínculo debe de ser siempre sólido, también en los momentos difíciles porque es cuando el niño o la niña más necesitan sentirse aceptados y acogidos.

Aunque el castigo es efectivo a corto plazo porque en seguida se observan cambios en la conducta, no lo es a largo plazo, de hecho, el castigo genera culpa, impide el desarrollo moral, genera temor a la autoridad, ansiedad, desconfianza, baja autoestima, rabia y violencia.

Y es que el castigo y el premio no responden más que a la impotencia del adulto, a no saber qué hacer y cómo gestionar la situación, castigar y premiar es fácil, lo difícil es acompañar.

Y entonces… ¿cómo acompañamos?

Recuerda que, si te interesa el tema y quieres aprender más, esto es sólo una parte de una de las lecciones del curso “Reflexión y profundización sobre las necesidades y prácticas en educación 0-3 años”.

Además si te apuntas al curso antes del domingo 20 de enero obtendrás un descuento de – 20%.

 

Laura Estremera Bayod