Una colaboración más de Alessandra Mosquera, a la que pudiste conocer ya aquí, de Nuestros Momentos Montessori donde reflexiona sobre un tema que se que inquieta a muchas personas ¿cómo seguir transmitiendo las enseñanzas del método Montessori una vez que nuestros hijos han entrado en primaria? Esperamos que este post os parezca tan interesante como a nosotros 😉

Me acuerdo que una vez pregunté en un grupo Montessori de Facebook porque nadie compartía actividades con sus hijos después de los 6 años; tenía la sensación que en el momento que el niño llegaba a esta edad Montessori dejaba de existir, al menos para quién no puede pagar un colegio con este método pedagógico. Había muchos posts de mamás compartiendo materiales y actividades con sus niños de 0 a 6, pero después de esa edad, nada. Vacío completo. ¿Por que? , me preguntaba. Si es cuándo los niños aprenden a leer (bueno, muchos de ellos), a sumar, a restar… es la hora de mayor adquisición de conocimientos. Una participante del grupo contestó: “pero para qué vamos hacer actividades con ellos si llegan del colegio llenos de deberes y cansados de estar en una silla escuchando a alguien hablar? Lo que ellos quieren es descansar, relajar, jugar”.

Nunca me olvidé de esta respuesta. No digo que la persona que lo dijo no tenga razón. Sí, la tiene. Es verdad que los niños pasan muchas horas en el colegio, sentados, escuchando contenidos que quizás no les interesan, y luego al llegar a casa tienen los deberes… es triste, pero es la realidad de la gran mayoría de niños en España, y también en otros países. Muchos padres prefieren dejarlos a su aire el poco tiempo que tienen. También muchos padres trabajan y están cansados y, en cima, con la doble jornada en el hogar. Lo último que quieren es hacer tarjetas, pensar en presentaciones…

A pesar de eso, me negué a aceptarlo. No quería que mi hijo dejara de “hacer Montessori” solo porque va a un colegio tradicional, pasa casi ocho horas allí y tiene de hacer deberes. ¡Es que creo que Montessori es tan grande para ser abandonado al entrar en Primaria! Es justo cuando son obligados a leer sin estar preparados, a hacer sumas y restas sin entender exactamente por qué, a engullir contenidos que, en la mayor parte de las veces, los niños no terminan de asimilar y los profesores los meten por presión del currículum. Por que aprender que la Tierra es un planeta? Por que aprender que hay animales vertebrados e invertebrados? Por que aprender que es un adjetivo, un verbo? “Porque el profe nos manda”. Y desde cedo ya aprenden que uno es el opresor y ellos son los oprimidos. Sin discutir.

Cuando empecé a aprender sobre los materiales de Primaria, estaba interesada en aprender solo Lengua, porque siempre fue el punto débil de mi hijo y sabía que necesitaría ayuda, y Educación Cósmica, porque me gusta mucho y me parece transmitir un mensaje precioso. Pero luego vi que necesitaría más (que necesito más). “Izan, qué es cien? Sabes lo que significa cien?”, pregunté a mi hijo. “Cien es uno, cero, cero, mami”. No. Yo tenía de hacer algo.

No culpo al profesor. Él tiene más de una centena de niños para enseñar matemáticas y cumplir un currículum con tiempos muy justos. El sistema está mal. Pero no es por eso que voy dejar que mi hijo no entienda que 100 es una centena, y que una centena son cien unidades. Hala, a hacer la presentación del sistema decimal!

Pero es verdad que no es así tan sencillo. A parte de luchar contra el cansancio y los deberes, y mis próprios deberes (limpiar, comprar, cuidar de dos perros, mi trabajo remunerado), también tengo de competir con las modas, los dibujos que los niños del cole asisten y hablan sobre con mi hijo – y logicamente él también quiere verlos para participar de las charlas con sus amiguetes – las costumbres que cada niño lleva de su casa al colegio y que mi hijo acaba aprendiendo también, y siempre entorpece Montessori. Es un ir contra la corriente contínuo y difícil, es frustrante, es muy duro. A veces creo que lo peor no son los deberes del colegio y sí competir con los Invizimals.

Llegar a todo es imposible, el día solo tiene 24 horas, y lo único que podemos hacer es organizarse. Lo que voy contar a seguir es cómo hago yo, por supuesto no es la verdad absoluta y cada una tendrá su sistema, pero quizás contando cómo hago estaré ayudando a alguien que está totalmente sin ideas y con ganas de tirar la toalla.

Primero de todo, hay que establecer prioridades. Mientras mi hijo está en el cole, tengo tres horas antes de ir a trabajar. Las utilizo para lo que más necesito en aquellos momentos: si hay que hacer la compra o limpiar algo, pues lo hago, pero intento dejar al menos una hora para escribir en el blog, hacer un vídeo, o preparar una actividad. Si tengo de ir despacio, pues así voy. Apunto en una aplicación del móvil una lista de todo que tengo de hacer al largo de la semana que empieza: responsabilidades de la casa, de los perros, médicos… la limpieza hago el mínimo necesario y dejo lo más duro y que lleva más tiempo para el fin de semana, cuando mi marido está en casa y puede colaborar.

Soy una gran usuaria del transporte público y aprovecho el tiempo que voy en metro o en autobús para leer, estudiar, apuntar en la misma app ideas para posts o actividades con Izan. Por la noche, no puedo hacer nada más que sacar al perro mayor, cenar, ducharme e ir a la cama, porque al día siguiente despierto temprano. Sé que hay algunas que están de madrugada despiertas trabajando delante del ordenador pero si no duermo, me afecta muchísmo, es algo irrevocable.

Las presentaciones y actividades Montessori dejo para hacerlas en los fines de semana y festivos. No pasa nada si no hacemos siempre, en casa el ritmo es distinto y no tiene que ser igual a un colegio Montessori (de hecho, nunca lo es). Intento estar pendiente de sus intereses para darme ideas de qué podemos trabajar. Ahora, con 7 años, él mismo da sugerencias. “Mami, tengo ganas de hacer un experimento”, y lo hacemos. Él tiene su habitación preparada, con la estantería y sus materiales. A veces tiene la iniciativa de usarlos pero muchas veces espera cuando está conmigo. Al contrario de lo que muchos piensan, Montessori está pensado para grupos, especialmente en Primaria, y él no tiene ganas de trabajar solo. Soy un poco la guía y la compi. En esos momentos ocurre que él llega a conclusiones insólitas y divertidas, o hace relaciones, o me cuenta que está estudiando lo mismo, o incluso aprovecha para confesar que se ha peleado con alguien. Para mí, es lo más bonito de “hacer Montessori”: estrechar lazos.

Y es que al final, las madres, y los padres, son los primeros profesores de un niño. Para aprender, es necesario que haya emoción y que el niño quiera a quién le enseña. Al fin y al cabo, tratase de compartir experiencias y vivir lo que será un día recordado con cariño en la memoria. Mi padre solía contarme historias de su amada Galicia cuando me llevaba al parque los domingos por la mañana, yo hago actividades con mi hijo. Creo que todo es amor, todo queda.

¿Qué te ha parecido?, ¿Estás de acuerdo en que se puede seguir haciendo Montessori aunque tu hijo crezca y no vaya a una escuela donde se aplique el método?, Me encantaría que me lo contases en un comentario.

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