¡El que educa en casa es porque puede y tiene suerte! Mis vivencias homeschoolers.

21 febrero, 2017 2 Por jaisa

Sin lugar a dudas las experiencias que tenemos a lo largo de la vida son las que conforman nuestra persona. Cada una de esas experiencias permanece en nuestro interior y nos hace ser así, como somos. Todo depende de todo y en definitiva dependemos de nosotros mismos si somos y nos sentimos realmente libres. Únicamente hay que ir reorganizando la vida en función de lo que se quiere conseguir, así de fácil y así de difícil.

Así es como hemos llegado a educar en casa, tras las experiencias de toda una vida, experiencias buenas y malas, circunstancias que nos han hecho tomar decisiones que nos han mostrado aspectos de la vida que no hubiéramos conocido decidiendo de otro modo. Así, dependiendo de cada una de esas decisiones, pero dependiendo de nosotros mismos al elegir libremente, nos hemos encontrado con un modo de vida apasionante que hace años ni podíamos imaginar que existía.

Hoy hace algo más de 11 años que nació mi primer hijo, con 2 años fue durante un tiempo a la guardería por la mañana, nunca ha ido a la escuela. Mis otros dos hijos de 6 y 2 años tampoco. Reorganizar la vida… visto desde fuera puede parecer una decisión fácil y alocada; los niños no van al cole y en la mayoría de familias homeschoolers uno de los padres no trabaja ¡que suerte poder hacer eso! Los que hemos optado por esta forma de vivir sabemos que visto desde este lado es diferente, y sólo nosotros sabemos cuánto nos costó decidirnos, dar el paso y organizar nuestras vidas en torno a esa decisión.

Foto: Jaisa Educativos

Es posible que haya familias que puedan hacerlo sin más, pero lo más habitual es que si uno de los dos padres no trabaja, es porque el otro trabaja el doble, se prescinde de un millón de cosas o un poco de todo. Mientras tanto el otro miembro de la pareja, sin más remuneración que la satisfacción de ver a su hijo crecer y aprender libre y feliz, se pasa el día leyendo, informándose sobre todos los temas del mundo, preparando material didáctico y mil cosas más sin dejar a un lado las tareas de las que no se libra nadie y sin olvidar que no hay puentes, fines de semana ni vacaciones cuando eres tu quien asume la educación integral de tus hijos. Y no me refiero a las típicas vacaciones en la playa o en la montaña para desconectar del trabajo y de la rutina, me refiero a esas 8 horas diarias de ir al trabajo y estar sin ellos, no se puede “desconectar” de los hijos cuando se educa en familia porque precisamente de eso se trata esta aventura, de estar conectados, compenetrados.

Otras familias, como la nuestra, trabajamos desde casa, los dos, pero no fue así desde el principio. Con el tiempo hemos ido encontrando el camino para poder seguir educando en casa. Dejé la escuela pública, compensé un tiempo limpiando casas por horas y algunas horas sueltas de extraescolares. Al principio el hacía jornada y media y yo unas pocas horas. Nos lanzamos con Jaisa Educativos, una web a la que dedicábamos unas horas, que finalmente le permitió a el poder trabajar también desde casa. El camino no ha sido fácil no, pero aquí seguimos, 11 años después de tener en brazos a mi primer hijo, cada vez más seguros de lo que hacemos.


¿Fácil? ¿Difícil? Como todo en la vida depende. Depende de las prioridades de cada familia, de lo que cada uno esté dispuesto a sacrificar (quizá sacrificar no es la palabra adecuada) Muchas familias deciden sacrificar el tiempo de estar con sus hijos y con sus parejas para trabajar más horas, ganar más dinero y así poder tener más cosas y me parece una opción totalmente aceptable y respetable, como decía, cuestión de prioridades. Las familias que nos decantamos por esta opción precisamente lo que no queremos sacrificar es el tiempo, para nosotros el tiempo es algo irrecuperable y cada momento que nos perdemos de nuestros hijos se queda en eso, en tiempo perdido. No pretendemos estar en todo, a todas horas y a cada segundo, nuestros hijos tienen sus momentos propios sin nosotros, pero no la mayor parte del día, como se asume en la sociedad, pienso que de esa forma la familia acaba resultando un tanto desconocida. Así que nosotros sacrificamos otros aspectos de la vida, aunque aquí, la palabra sacrificio es muy relativa, ya que no nos resulta demasiado difícil prescindir de cosas que son precisamente eso, prescindibles.


Hay una expresión muy extendida en la sociedad en la que yo también me quiero incluir, aunque desde otra perspectiva; “trabajo mucho para dar a mis hijos todo lo que necesitan, para que no les falte de nada…” Las familias homeschoolers también podemos usar esa expresión a pesar de que muchos no trabajen la jornada considerada normal de 8 horas, porque trabajamos mucho para que nuestros hijos tengan lo que consideramos que realmente necesitan. Además ir a contracorriente no es tarea fácil.


Para tener una idea de lo que hacemos las familias que educamos en casa, además de nuestro trabajo “oficial”. Puedo decir que trabajo 24 horas al día, 365 días al año intentando que mis hijos sigan su propio ritmo de desarrollo y no el que se supone que debe seguir, me parece un ritmo de locos para un niño el que tienen impuesto a nivel social. Trabajo además para crear un ambiente para ellos lo más relajado posible en el seno de una sociedad estresante y no es algo precisamente fácil.


Parte de mi trabajo consiste por ejemplo en “perder” 20 minutos del día mientras vamos por la calle a algún sitio observando como una excavadora agujerea el asfalto o como unas hormigas caminan en fila por la acera, en medio de una sociedad en la que no se puede perder ni un instante, en la que no se puede estar sin hacer “nada” porque el tiempo es oro.

Buscando nidos de hormigas. Foto: Jaisa Educativos


Trabajo mucho para que se sientan respetados, les escucho, pero no de esa forma en la que se suele escuchar a los niños de fondo, intento escuchar lo que les sale del corazón, y atender a todas sus demandas y necesidades, aunque a veces resulte agotador, pero esas necesidades son la base de su desarrollo y los niños acostumbran a vivir siguiendo las necesidades de los adultos. Esto es algo que considero que hace falta en la sociedad. Los niños no son escuchados, no hay tiempo para escuchar “tonterías” y es una pena, muchos padres se sorprenderían de lo que sus hijos son capaces de explicarles, y no hablo solo de cosas de niños. Son capaces de hablar de cualquier cosa y tienen sus propias ideas y sus propias opiniones sobre el mundo.


Trabajo para que no sientan la necesidad de mentir cuando han hecho algo que se supone que está mal, para que no se esconda de nosotros. Todos hacemos cosas mal y los niños tiran y rompen cosas, lloran, gritan, pintan las paredes y muchas cosas más porque de ese modo expresan sus frustraciones, lo que les hace sentir mal en cada momento. En lugar de tantos castigos ¿porque no se intenta entender que le pasa, de donde viene su enfado? Se gasta más tiempo y energía castigándoles y dándoles discursos que esta comprobado que sirven de poco. ¿Eso es posible? Pues os diré que NUNCA he castigado a mis hijos, y aún sin castigos aprenden las normas sociales y lo que esta bien y lo que no.


Trabajo también varias horas a la semana en diferentes bibliotecas buscando información sobre los temas que le interesan en cada momento y otras cuantas horas leyendo esa información para podersela transmitir lo mejor posible. Bueno la verdad es que este es un trabajo temporal 😉 Hay épocas en la que no pisamos bibliotecas y tiramos de libros que hay en casa y de google, pero es que en casa hay cientos de libros. Ahora mismo estamos en una de esas temporadas.


Trabajo al menos una hora diaria haciendo cursos online (de alumna) sobre matemáticas, ciencias, naturales, geografía, historia, jardinería, cocina, música, astronomía, etc. Un comentario muy común es decir que las personas que educamos en casa no sabemos de todo y es cierto, pero nos formamos continuamente. Además un maestro tampoco sabe de todo, suelen estar especializados. A lo que no se llega, se pide ayuda. Por ejemplo yo no podría enseñar a mis hijos a tocar el piano, pues para eso están las clases particulares, lo mismo que si fueran la escuela.

Trabajo otras tantas horas en una fábrica de material didáctico especializada en materiales reciclables, los más baratos del mercado. La maquinaria de elaboración también es bastante casera (impresora, pegamento, tijeras, celo, grapas…) pero está comprobado científicamente que da sus resultados. ¡Este parte si lleva sus horas!

Ejerzo también muchas horas diarias como “psicóloga” observando las reacciones de mis hijos ante cada situación para conocerlos, poder anticiparme, ofrecerles lo que verdaderamente provoca en el interés y curiosidad y evitar situaciones que no les hagan sentir bien.

Trabajo para que mis hijos no tengan miedo por las noches, para que no se sientan solos, para que nunca pierdan las ganas de aprender, para que nunca dejen de tener iniciativas. Que no tengan miedo de opinar, de lanzarse, de experimentar. Trabajo para que mi hijo hablen, hablen, hablen y se expresen, aunque digan cosas que no tienen sentido todavía. Lo que los niños tienen que decir es tan importante como lo de los adultos, así que en casa no somos los adultos los que tenemos prioridad para hablar, aunque por otro lado también ellos aprenden que en ocasiones puntuales si deben esperar para hablar.

Además trabajo de ama de casa (de eso no se libra casi nadie) , aunque tengo que decir que es lo que siempre dejo para el final, para cuando ya no más opción.

La lista es bastante más larga, pero lo dejaré aquí para no extenderme demasiado.
De vez en cuando alguien pregunta ¿Qué haces? ¿A qué te dedicas? – Educo a mi hijo en casa, -¿no trabajas? Qué suerte, a mí también me gustaría poder permitirme eso y tener tiempo libre…y como siempre digo…todo depende de nuestra forma de entender la vida, cuestión de prioridades. Por supuesto que ante todo hay que cubrir las necesidades económicas básicas, a partir de ahí ¿Qué mejor empresa que la familia?¿que mejor remuneración que la felicidad de los tuyos? Yo trabajo mucho más de lo que la “sociedad” imagina y me encanta mi trabajo, el de madre que educa en casa y todo o que hago desde Jaisa Educativos y desde Jaisa Formación.

Sin lugar a dudas, las experiencias de la vida, nos han guiado hasta hoy y estoy más segura que nunca de que este el camino que quiero seguir, el de la felicidad de toda mi familia. Ánimos a todas las madres (y padres) que tras vuestras experiencias y decisiones, como yo, cuando empecé a educar en casa tenéis la suerte de “no trabajar y de tener tanto tiempo libre para vosotras”

Si eres de las personas que se está pensando educar en casa no olvides que no es algo tan extraño, somos una minoría, pero cada vez somos una minoría más grande.  Y no olvides que puedes encontrar grupos de apoyo en muchas ciudades de España donde compartir todo lo relacionado con la educación en casa.

Si eres de esas madres o padres con falta de tiempo para formación, como a mi me ha pasado, quizá puedas empezar por aquí

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