En los últimos días me he encontrado en varias ocasiones hablando sobre esa creencia que tienen muchas personas de que educar a niños otorgándoles libertad es sinónimo de educar niños “asalvajados”. Y no voy a quitarles parte de razón, pero con matices. Creo que hay mucha confusión en cuanto al tema de la libertad y que muchas familias mezclan la educación respetuosa y el seguir los intereses del niño, con la libertad absoluta y la falta total de límites, y ahí es donde está el error.

He visto escuelas libres, familias homeschoolers, unschoolers, familias que escolarizan pero afirman que en casa educan de forma respetuosa, con una falta total de normas y límites que llevan a los niños a una baja tolerancia a la frustración ante cualquier cosa que no consiguen y a desarrollar graves problemas de conducta. La libertad sin medida cuando los niños aún no son capaces de comprender el mundo es más bien una falta de responsabilidad por parte de los adultos.

Como sabéis, la pedagogía Montessori, al igual que muchas otras pedagogías que en los últimos años se están extendiendo, basan su principal premisa en el respeto hacia el niño partiendo siempre de la defensa absoluta de su libertad para elegir y decidir sobre su propio aprendizaje. Como es evidente, esta libertad no significa que puedan hacer absolutamente lo que les de la gana en cada momento ya que especialmente, en el primer plano de desarrollo (de 0 a 6 años), necesitan unos límites seguros para poder explorar esa libertad que será cada vez mayor en función de la etapa de desarrollo en el que se encuentren. 

María Montessori creía firmemente en la necesidad de transformar la humanidad y pensaba que solo desde una transformación profunda se podría cambiar el mundo. ¿Pero de donde debe partir ese cambio? Ella, que se había formado en diferentes disciplinas (medicina, antropología, psicología, pedagogía entre otras), vio la única salvación en el niño. Sabía que la verdadera transformación debía realizarse en los primeros años de vida y que es en ese periodo en el que debemos trabajar con más dedicación preparando el ambiente para desarrollar el verdadero potencial de los niños, guiándoles para ser libres y responsables, con derecho a opinar y a decidir, lejos de educar a niños obedientes y manipulables.

“Ninguna otra criatura del universo visible puede jactarse del talento de la inteligencia. Ninguna otra criatura tiene la perspicacia o la capacidad de previsión o de planificación de su futuro. Ninguna otra criatura tiene el conocimiento que la libera de las limitaciones de la materia. Ninguna otra criatura puede elegir qué hacer o qué no hacer. Ninguna otra puede hacerse cargo de sus actos y convertirlos en un destino inmortal porque ninguna otra criatura tiene raciocinio”.

(Brennan, Robert, 1948, en La imagen de su creador, Cork: The Mercier Press Limited)

Esa capacidad del ser humano de elegir le hace ser libre y para ser libre debe gozar de libertad. Tener libertad es poder decidir por nosotros mismos, tener la posibilidad escoger como actuar en las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida y entre diferentes opciones que creamos que son mejores tanto para nuestro bienestar como para el de otros. Esta es la libertad que se trabaja en las aulas Montessori y esa es la libertad que vivo con mis hijos.

En los ambientes Montessori se facilita al niño el alcance de la libertad creando un ambiente preparado, adaptado a su edad y seguro, en el que pueda actuar libremente. De esa forma la libertad se convierte en una habilidad que se desarrolla de forma natural permitiendo elegir tanto lo mejor para uno mismo como para el grupo.

Hoy en día hay una tendencia a creer que un niño movido y al que se le permite cierta libertad es un niño o malo o maleducado. La sociedad espera niños quietos y obedientes que deben aguantar largos ratos sin moverse. Lo cierto es que si un niño no se mueve en libertad no imagina, no explora, no experimenta, no descubre, no inventa y por lo tanto no desarrolla todo su potencial. La libertad es necesaria, pero el grado de libertad está inevitablemente relacionado con la edad y el nivel de desarrollo. A medida que crecemos tenemos más libertad ya que tenemos más capacidad para tomar decisiones y hacerlo además de forma responsable. Por eso en las escuelas Montessori los ambientes cambian completamente en cada etapa otorgando más libertad a medida que crecen.

Una señora de la buena sociedad visitaba un día nuestra escuela y, con su mentalidad anticuada, dijo a un niño: Así, aquí hacéis lo que queréis, ¿no?. Y el niño contestó: No, señora, no hacemos lo que queremos, queremos lo que hacemos. El niño sentía la sutil diferencia entre hacer lo que uno quiere y amar lo que uno hace”.

 (M.Montessori. La mente absorbente del niño).

Dejando a un lado los ambientes Montessori, yo personalmente me quedo para mi familia con esta libertad con límites básicos. No creo que los niños se autorregulen solos, es posible que en algún caso concreto lo hagan, pero observo a diario niños que sin esos límites imprescindibles no controlan ciertas cosas. Y también hay que tener en cuenta que no todos los niños necesitan los mismos límites. Por poner un ejemplo, en casa siempre han tenido libertad para ir a la cocina cuando quieran a comer. Con mis 2 hijos mayores nunca hubo problema, pero el pequeño sería capaz de vivir de chocolate y cosas con azúcar, así que hemos tenido que poner un límite que con los otros dos no fue necesario.

¿Cómo se puede dar libertad a un niño de 2 o 3 años?

Pues con cosas tan simples como darles a elegir entre 2 o 3 cosas. Por ejemplo, en lugar de decir ¿Qué quieres comer? Que para ellos puede ser una elección complicada y además pueden querer algo que no tenemos en ese momento, podemos preguntar ¿Qué prefieres, huevo o tortilla? O ¿Qué zapatos quieres que compremos, los rojos o los negros? Más adelante y poco a poco, cuando ya tienen más capacidad para tomar decisiones se le puede ir dando más libertad. Por supuesto esto son solo 2 ejemplos muy sencillos y el día a día está lleno de momentos en los que ellos deberían poder elegir, opinar, decidir, etc. Los adultos debemos perder el miedo a dejarles tomar decisiones sobre su propio aprendizaje, porque cuando lo hacen, nos convertimos en espectadores de cosas maravillosas. De lo contrario ¿Cómo podemos pretender que de mayores sepan que quieren hacer con su vida? ¿Cómo podemos pedir adultos que se atrevan a innovar, a opinar, a inventar?

¡Dentro de unos días continuaré hablando sobre este tema que da para mucho!

Si quieres ampliar y profundizar más puedes acceder al vídeo-taller sobre libertad y responsabilidad en el que os voy a hablar de la importancia de educar a niños libres y responsables, que sean capaces de tomar las riendas de sus propias vidas.

Vídeo-taller: Libertad y responsabilidad