20. Cuestionando prácticas sobre movimiento I.

Bloque 2: Movimiento

20. Cuestionando prácticas sobre el movimiento I

Después de haber visto la evolutiva del desarrollo motor desde que nacen hasta que adquieren la marcha me gustaría detenerme reflexionar sobre algunas prácticas que están muy generalizadas tanto en nuestra sociedad como en las escuelas infantiles.

 

Quietos y atentos:

Los bebés, los niños y las niñas necesitan moverse, es una necesidad que además forma parte del desarrollo de la inteligencia, como veremos más adelante, y de su forma de aprender, pero todavía está muy extendida la idea de que los niños y niñas aprenden cuando están quietos, atentos y en silencio, si esto no es así, mucho menos lo es en una etapa tan temprana como la nuestra. Los niños y las niñas se mueven, tocan, corren, gritan… es lo natural. A veces veo por Internet imágenes de escuelas infantiles donde colocan a los bebés en asientos y hamacas mientras les leen un cuento, les cantan una canción o les tocan un instrumento.

Realizar prácticas de este tipo, aunque puedan parecer muy tiernas a simple vista, esconden una falta de conocimiento sobre el desarrollo infantil y una interpretación del mundo desde nuestra propia perspectiva adulta.

Cuando trabajando con estas edades nos sentimos cómodos porque todos los peques están sentados, calmados, tienen su atención sobre nosotros; cuando vienen visitas (inspección, padres…) y sentimos que necesitamos mantenerlos calmados y aprovechamos para leerles un cuento o cantarles una canción… me gustaría plantearos un momento de auto observación y de reflexión sobre por qué asociamos “hacer bien nuestro trabajo” con que los peques estén quietos, cuando la realidad y las necesidades infantiles son otras ¿os ocurre? si queréis podéis comentarlo en el grupo.

En el último curso, con los peques de 2 a 3 años, en muchas escuelas la mesa cobra protagonismo, asociando de nuevo el aprendizaje a la quietud. Los niños y las niñas aprenden a través del juego y no permaneciendo sentados.

“Ayudarles” o enseñarles a moverse:

Los bebés aprenden todas las posturas y movimientos del desarrollo motor sin necesidad de que se las enseñemos, sin necesidad de realizar ejercicios, estimularlos, completar sus movimientos… sólo ofreciendo las condiciones espaciales, temporales y emocionales adecuadas. Cuando creemos “ayudarles” realmente no lo estamos haciendo puesto que podemos generar tensiones, crispaciones y que se salten etapas, además el bebé recibe un mensaje implícito “lo que haces no está bien”, “no me gusta tal cual eres” porque no respetamos el momento en el que está, queremos un bebé que no es el real, queremos convertirlo en el que nosotros imaginamos. Tenemos que confiar en el bebé, está preparado para atravesar las etapas del desarrollo motor y si tenemos dudas porque vemos algo que no nos cuadra, consultar o derivar a un especialista, pero no “ayudarles”, porque no es lo que necesitan.

 

Colocarlos en posturas que no llegan por sí mismos:

Muy unido a lo que os acabo de comentar, es que no debemos colocarlos en posturas que no llegan por sí mismos, pero a diferencia del punto anterior en el que el adulto es consciente de intentar “enseñarle”, en este caso, se suele hacer sin darnos cuenta. Un bebé que no llega a una postura por sí mismo no debería ser colocado en esa postura. Es decir, si no sabe llegar a la postura de sentado por sí mismo, sin ayuda desde la postura de tumbado en el suelo, no deberíamos de sentarlo en tronas, en el suelo, o en una hamaca con una inclinación superior a 45 grados.

La misma idea podríamos derivarla a niños más mayores, si no saben subir solos al tobogán no deberíamos subirlos nosotros; si no saben escalar cierta altura no deberíamos subirlos, si no saben saltar no deberíamos de darles la mano para hacerlo. Ya que aparte de generar frustración y enfado cuando dejamos de “ayudarles” les colocamos en situaciones para las que no están preparados y nos olvidamos de la importancia del desarrollo de la prudencia.

 

Antes no es mejor:

El desarrollo motor y el del cerebro van de la mano, el movimiento nos va mostrando cómo va desarrollándose el cerebro por lo que no es adecuado intentar enseñar desde fuera algo que debe de nacer desde el interior de cada niño, por otro lado, cada hito del desarrollo motor se apoya en los precedentes. Todos los niños sin patología que lo impida aprenden a andar pero las posturas y movimientos que se adquieren durante el primer año van a ser importantes durante toda la vida, también para los aprendizajes ¿qué ocurre cuando aceleramos el proceso? que el bebé se “salta” etapas, etapas que aunque parezca que no son importantes puesto que se llega al “objetivo final”, andar, sí que van a tener importancia aunque a simple vista no lo parezca ni se suela relacionar.

 

Interpretaciones erróneas:

Cuando estamos con bebés, a veces, no interpretamos bien las señales que estos nos emiten y las interpretamos desde las necesidades adultas. Los adultos estamos más cómodos sentados que tumbados o andando de pie que desplazándonos a gatas, pero en los bebés esto no es así, necesitan y les es agradable estar tumbados, no “necesitan ver” entre otras cosas porque la visión en profundidad la adquieren a la par que la capacidad de desplazarse, es decir, si no se arrastra o gatea no puede ver lo que hay más allá, así que no lo puede pedir. Si llora tampoco es porque necesite colocarse de pie, ya que si nunca ha probado esa postura no la puede conocer y por lo tanto pedir.

 

Espacio adecuado:

el espacio deberá de ajustarse a las necesidades de cada etapa, ser seguro para que los bebés, los niños y las niñas puedan gozar de libertad para moverse. En las aulas donde hay bebés y niños que pueden molestarse si cada uno goza de sus necesidades motrices, deberemos de separar los espacios de forma que todos puedan gozar del movimiento que necesitan, sin limitar a unos ni a los otros.

Sobre todo a partir de que comienzan a andar es importante ofrecer alturas para subir y bajar, espacio para correr…

 

Tiempo:

Deberemos de organizar el día de tal forma que la mayor parte del tiempo los bebés y los niños gocen de tiempo para moverse y jugar; los peques no pueden permanecer mucho tiempo en la misma postura (menos de un minuto) por lo que necesitan libertad de movimiento.

 

Ropa adecuada:

la ropa que le colocamos a los bebés, los niños y las niñas debe de facilitar el movimiento, hoy en día venden mucha ropa para bebés que no lo favorece: pantalones vaqueros, petos, capuchas, zapatos… Nosotros como educadores y educadoras no podemos decidir qué ropa compran las familias, pero sí que podemos explicar a los padres la importancia de utilizar ropa que favorezca el desarrollo motor, nunca como imposición porque es una decisión de la familia, no de la escuela, pero explicarlo les hace tomar conciencia sobre el tema ya que en la mayoría de las ocasiones es un aspecto sobre el que no se habían dado cuenta.

Pero sí que hay aspectos que podemos tener en cuenta desde la escuela, como favorecer que los peques vayan descalzos ya que los apoyos son mejores cuando los pies no llevan zapatos, se desarrollan mejor, permiten mayor movilidad de todo el pie y favorece el desarrollo sensorial; o utilizar las batas (si se usan) sólo el tiempo imprescindible, no durante toda la jornada ya que entorpece enormemente el movimiento.

 

Acompañamiento:

Los bebés disfrutan del movimiento en el suelo cuando tienen un vínculo seguro con una figura de referencia. Favorecer el desarrollo motor no consiste en dejarlos en el suelo e irnos a hacer otras cosas, sobre todo al principio es importe muestra mirada, nuestra presencia, que les prestemos atención cuando están en el suelo y forjar una relación a través de las situaciones de cuidados.

 

Nuestros miedos:

cuántas veces creemos que se van a caer y golpear… pero lo cierto es que si el bebé, el niño o la niña disfruta de un desarrollo motor libre adquiere la prudencia necesaria para no arriesgarse en situaciones peligrosas. Me refiero por supuesto a situaciones de peligro asumibles por un niño o niña pequeños dentro de un entorno preparado y seguro para ellos, no a situaciones realmente peligrosas como piscinas, escaleras… en las que no pueden por sus capacidades cognitivas medir las consecuencias de sus acciones.

 

Hasta aquí hemos visto prácticas generales sobre las que tomar conciencia y reflexionar, en la próxima lección os voy a hablar sobre aquellos aparatos que normalmente se utilizan en el aula de bebés y que perjudican o no favorecen el desarrollo motor.

 

 

Imágenes:

  1. Producción propia. Laura Estremera.

Descárgate aquí la lección en pdf

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *