28. Evolutiva del juego.

Bloque 3: Aprendizaje y juego

28. evolutiva del juego

Hasta ahora hemos visto cómo es el desarrollo socioafectivo, el motor y el cognitivo de los niños y las niñas, pero en esta lección voy a concretar un poco más sobre el desarrollo del juego. El juego va muy unido al desarrollo cognitivo aunque realmente, como vimos en la lección anterior engloba al niño y la niña en su totalidad porque no se puede jugar sin implicación emocional o sin movimiento.

El juego evoluciona con el desarrollo del niño y este evoluciona porque juega, es como “la pescadilla que se muerde la cola”.

En esta lección me voy a apoyar en los contenidos que vimos en la lección sobre el desarrollo cognitivo.

Los bebés, entre el nacimiento y los 2 años, se encuentran en una etapa sensoriomotora, es decir, para construir su inteligencia necesitan movimiento libre y desarrollo sensorial ¿cómo evoluciona el juego en esta etapa para ir construyendo la inteligencia?

El primer juguete del bebé es el cuerpo de la persona que le cuida, de esta, recibe su olor, su calor, su tensión, su voz, la satisfacción de sus necesidades… Este diálogo tónico es la base de toda la comunicación posterior como vimos en el primer bloque; y el símbolo, necesario para el juego simbólico, el lenguaje, el pensamiento, los aprendizajes escolares… comienza a formarse en esta etapa porque está relacionado con el desarrollo de la comunicación.

Por lo tanto, la relación con la figura de referencia siempre va a ser la base para el desarrollo, la exploración, el aprendizaje…

El bebé, durante los primeros 6 meses sobre todo, está centrado en su cuerpo, en conocerlo, en descubrir sus posibilidades… boca arriba comienza a chuparse las manos con el patrón mano – mano – boca, llevándose ambos puños a la vez a la boca; después se mira las manos, se toca los pies, levanta las piernas… y comienza a desplazarse.

Después de esta primera etapa de conocimiento del propio cuerpo, el bebé comienza a interesarse en lo que hay “allí afuera”, en los objetos, además comienza a voltear, a desplazarse y a ser capaz de llevarse los objetos a la boca, es decir, coordina la visión con la prensión y la succión.

No tenemos que animarle a que coja los objetos o ponérselos en la mano, porque lo hace cuando está preparado para hacerlo si tiene la oportunidad y el deseo.

Tocando objetos y llevándolos a la boca descubre el peso, el tamaño, la forma, la textura, el sonido, el olor… por lo que es interesante ofrecerles objetos de materiales diferentes y que le aporten diferente información sensorial, como en la propuesta “el cesto de los tesoros” pero siempre, respetando el movimiento libre.

Primero aprenden a coger los objetos y un tiempo después a soltarlos a voluntad, también a transferirlos de una mano a la otra, de la misma forma que pueden atravesar su línea media a través del volteo.

Siguiendo esa exploración del objeto, comienzan a lanzarlos, a buscar lo que desaparece de su vista, acción que está unida a la permanencia del objeto.

Conforme su desarrollo motor va avanzando, también lo hace su visión, su motricidad fina…  comienza a percibir los detalles de los objetos y los puede tocar con la yema de los dedos; comienza a diferenciar el continente y el contenido, es decir, saca lo que hay dentro de recipientes y un tiempo después, comienza a meterlos dentro;  el desarrollo de la pinza fina le permite coger objetos más planos y pequeños; comienza cogiendo 2 elementos iguales, uno en cada mano y al poco tiempo, disocia sus manos, lo que le permite coger un objetos diferente en cada una y chocarlos entre sí.

En el último trimestre del primer año, comienza a señalar con el dedo para “pedir” (protoimperativo) y para comunicar (protodeclarativo) en estas situaciones el adulto comienza a poner lenguaje a su acción y comienzan a aparecer los símbolos que más tarde utilizará en el juego, en el lenguaje, en los aprendizajes escolares…

 

“Descubrir lo que son las cosas, cómo funcionan y qué se puede hacer con ellas ocupa gran parte de la atención y los esfuerzos del niño en la primera infancia”. Garvey. El juego infantil.

 

Sobre el año, aparece el lenguaje, la marcha… y el juego evoluciona.

Aparecen las reacciones circulares terciarias que denominó Piaget dentro de la etapa sensoriomotora, ya no les interesa tanto el descubrimiento de su cuerpo o de los objetos en sí mismos, sino poner esos objetos en relación con otros y en diferentes situaciones: lanzarlos, buscar los que encajan, utilizar uno para alcanzar otro…

 

Comienzan a manipular muchos objetos iguales y a coleccionarlos, teniendo como criterio el tipo de objeto, sin tener en cuenta el color o el tamaño.

En esta etapa, el juego heurístico, se ajusta a estas necesidades, os dejo un artículo sobre el mismo y también sobre su antecesor, el cesto de los tesoros.

En esta etapa, los objetos también se utilizan en la comunicación, es común que un niño o una niña enseñe un objeto familiar o uno nuevo a un adulto como forma de entrar en relación; así como es habitual utilizar el objeto como mediador, que es cuando vemos a peques que “sólo quieren los objetos que tienen os demás”.

Los llamados juegos presimbólicos están presentes, que como su nombre indica son juegos que aparecen antes de adquirir la función simbólica y se utiliza todo el cuerpo. Como en el resto de adquisiciones, son juegos que no desaparecen del repertorio de los niños y las niñas, pero que más adelante se pueden expresar de otras formas, Aucouturier (2004) los denomina de “aseguración profunda” y serían:

√ Jugar a destruir, que está unido al deseo de separarse y ser uno mismo, de decidir, de elegir, de apartar los obstáculos que impiden conseguir los objetivos…

El niño y la niña necesitan destruir para poder evolucionar, no es algo que debamos prohibir, reprimir… pero tendremos que buscar los materiales adecuados para hacerlo, por ejemplo en la sala de psicomotricidad con los bloques, en el aula con materiales que no hagan daño a otros compañeros, con masas… destruir no es romper, es transformar y reorganizar para emprender un proyecto propio, pero esta construcción aparece mucho después de haber podido destruir. Al principio el que construye en altura es el adulto, las primeras construcciones de los peques son en linealidad.

√ Jugar con el placer sensoriomotor, con las posibilidades del cuerpo, desequilibrándose, probando diferentes puntos de apoyo, balanceándose, sintiendo el riesgo y recuperando el control…

√ Jugar a envolverse, con telas, tapándose… buscando el bienestar y la protección.

√ Jugar a esconderse con un adulto, viviendo la presencia y la ausencia, la unión y la separación. Este juego comienza muy temprano en familia con los juegos de cucú y con pañuelos.

√ Jugar a ser perseguido, es un juego muy relacionado con el de esconderse y le permite jugar con el miedo para superarlo y sentirse seguro. Es importante no atrapar al niño y si se hace que sea placentero, dejarle escapar… que no sienta miedo.

√ Jugar a llenar y vaciar, a reunir y separar… con diferentes materiales para satisfacer la curiosidad, la investigación…

 

Entre el primer y el segundo año, también aparecen juegos de representación, que no hay que confundir con juego simbólico. En este juego que aparece se utilizan los objetos para lo que son realmente, los peques imitan su uso. Por ejemplo, una taza se utiliza para hacer que se bebe, un peine de juguete para hacer que se peina… pero utiliza réplicas de los objetos habituales. En este juego no hay un uso simbólico de los materiales como ocurre cuando se utilizan juguetes abiertos, sino que se le da el uso real. Comúnmente conocemos como juguetes para  juego simbólico a unos materiales que realmente no lo son. 

El juego simbólico es el que aparece a partir de los 2 años al adquirir la función simbólica y el que se apoya en esta: en el lenguaje, la imitación diferida, las imágenes mentales… tal y como vimos en la lección sobre el desarrollo cognitivo y que además no tiene objetivos, finalidades… pero sí implicación emocional. El juego debe de partir de las necesidades de los niños y las niñas y de sus propias vivencias y se realiza con todo el cuerpo, ellos son los protagonistas. Cualquier objeto, adquiere simbolismo cuando es utilizado, adquiere un significado diferente a su significante: un palo es una espada, una salchicha, un peine… son los peques los que le dan vida.

El mercado nos ofrece juguetes, disfraces… que les ofrecen unos roles que no son suyos, de los que no tienen vivencia previa, que deben de ser “enseñados” desde el exterior. Los disfraces  en la etapa de los 0 a los 3 años, no permiten ser utilizado como tal, pensar que utilizar un disfraz significa dejar de ser nosotros para convertirnos en otros, lo que implica un cambio de punto de vista, capacidad que no adquirían los peques hasta los 5 años aproximadamente. Esto no significa que no podamos utilizar disfraces (o mejor, si puede ser ropa y complementos) en nuestra etapa, pero debemos de ser conscientes que ellos los utilizan por el simple placer de utilizar las prendas, colocárselas… y no para representar roles diferentes o convertirse en “el médico” o “la  policía” este tipo de juego aparece sobre los 6 años.

Los materiales que favorecen el juego simbólico en nuestra etapa son los materiales abiertos como las anillas, los palos, los recipientes… de los que os hablaré más adelante.

Las construcciones también evolucionan a partir de los 2 años, conquistando la altura.

Y vaciando el interior, pasando del plano a la superficie, aceptando el vacío.

Alrededor de los 3 años el juego se va volviendo más social y crean pequeños agrupamientos y compañeros de juegos, así como juegos compartidos.

 

Os dejo las 2 lecturas que os he comentado y una sobre los juguetes de luces y pilas:

√ El cesto de los tesoros 

√ El juego heurístico 

√ Juguetes de luces y pilas ¿adecuados para el desarrollo? 

 

 

Imágenes

Imágenes propias, Laura Estremera

Descárgate aquí el pdf de la lección

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