14. Los cuidados cotidianos (Pikler).

Bloque 1: El vínculo.

14. Los cuidados cotidianos (Pikler).

Ya hemos visto como la pedagogía Pikler se asentaba sobre 2 pilares: los cuidados cotidianos y la actividad autónoma, esta última principalmente a través del juego libre y del movimiento. Pero para que los bebés, niños y niñas puedan dedicarse a esta actividad autónoma necesitan una seguridad emocional, un vínculo seguro que es lo que se construye a través de uno cuidados de calidad, que es de lo que os voy a hablar en esta lección y concretaré en las siguientes.

Las necesidades del bebé, del niño o de la niña pequeños no cambian según se encuentren en casa o en la escuela, siguen siendo las mismas. En el hogar por el número de niños en proporción a los adultos, por el tiempo compartido y por tratarse de una familia, es más sencillo que este vínculo se cree de forma natural y que las necesidades se satisfagan fácilmente; en cambio en una institución y por compartirse el cuidado en ocasiones entre varios adultos diferentes al cabo del día, deberá de cuidarse hasta el mínimo de los detalles en estas interacciones y satisfacción de las necesidades.

Emmi Pikler creó una técnica uniforme, una coreografía para cada situación, una manera precisa de coger al bebé, al niño o la niña, de sostenerlos en brazos, de ponerlos en el cambiador, en la cuna, de mover sus extremidades, el cuerpo, de vestirlos, lavarlos, cambiarles el pañal… para ella estos cuidados debían de ser amorosos, a la vez que personalizados, ya que con ellos se construía la relación y formaban la base de su desarrollo, su autoestima, su conciencia, su personalidad. Para ella el currículum infantil eran los cuidados, porque a través de ellos, de unos cuidados de calidad se educaba.

 

“Durante los cuidados, el bebé tiene la experiencia fundamental de la relación humana, particularmente íntima, en la medida en que afecta a su cuerpo y sus necesidades y se ejerce  a través del contacto corporal” Tardos, 2008.

 

Pero a pesar de existir una técnica uniforme para los cuidados, pensada, ajustada a las necesidades infantiles y compartida por todos los educadores y educadoras, no es algo rígido ni mecánico, sino personalizado.

 

Los cuidados cotidianos

Se basan en la observación, sólo de esa forma se conoce a cada niño y a cada niña y se puede responder de una forma sensible y atenta a sus necesidades, se adaptan a cada uno. Estas observaciones y ajuste se extiende a todas las necesidades fisiológicas de los peques: el sueño, el apetito…

√ Favorecen una relación de carácter mutuo entre el adulto y el bebé, que están en cooperación.

El primer contacto del niño con el adulto es a través de sus manos, ya os comenté como los peques eran más sensibles al lenguaje no verbal que al verbal y que la piel era el primer medio de comunicación entre el niño y el adulto.

 

“Si los movimientos de la mano no son delicados, llenos de ternura, sino insensibles, mecánicos, rápidos y funcionales todos los conocimientos técnicos deseados impedirán que el niño, en lugar de tener placer y la alegría del contacto corporal, viva ese contacto con desagrado.” Falk, 1987.

 

Y es que un gesto suave, lento, lleno de ternura, es agradable y relaja al niño, este se abre a la relación, al entorno, a los acontecimientos relacionados con él. En cambio un gesto rápido, indiferente, funcional, hace que el niño o la niña viva el contacto con desagrado, se tense y se cierre. Cuando esperamos mover una parte del cuerpo del niño o de la niña hay que ofrecer tiempo, tener la paciencia necesaria para que relajen los músculos, sino el adulto es el que tiene que vencer esta resistencia “haciendo fuerza” y esa vivencia no es agradable para los pequeños.

√ El niño y el adulto COOPERAN, es decir, no obedece al adulto pasivamente dejándose hacer, abriendo la boca para que le metan una cucharada, dejando el cuerpo quieto para el adulto le cambie; ni por el contrario se resiste, se mueve evitándolo, cierra la boca,  se va… Se observa al niño o a la niña, se escuchan sus necesidades y se ajustan a la individualidad, se le ofrece tiempo para que el bebé, niño o niña viva que con su comportamiento y con sus respuestas participa activamente en las situaciones, que puede influir en lo que ocurre con él.

 

“Este diálogo da sin cesar más medios al bebé para emitir una señal susceptible de influir sobre los acontecimientos. Del mismo modo, a cambio, el adulto siempre recibe más medios para o bien señalar de una manera comprensible su intención al niño o bien adaptar su actividad a las necesidades del niño” Falk, 2003.

 

“Los signos pueden afectar al ritmo de la comida, la temperatura y la cantidad de alimentos, el momento del final de la comida, el ritmo de los movimientos del adulto durante el cambio de pañales, vestirse, desvestirse, la cantidad y la temperatura del agua del baño, etc.” Falk, 2003.

 

√ Poco a poco, el bebé, el niño o la niña intenta hacer por sí mismo, lo que antes hacía con el adulto, tomando cada vez más papel en la cooperación, causándole placer y satisfacción. Los cuidados cotidianos no tienen la finalidad de “educar la autonomía” porque a veces al hacerlo se apresura al niño, este tiene que participar en exceso y suele significar que el adulto deja de estar con él, eso es autogestión. En este caso, se confía en que llegará a hacerlo por sí mismo, desde la alegría, desde la autonomía real, desde un desarrollo de la cooperación.

 

“la actividad común compartida va a cambiar de forma; el niño se convierte poco a poco en el actor principal con una menor participación del adulto” Falk, 2003.

 

√ Esta forma de realizar los cuidados, la cooperación, permite que el bebé, el niño o la niña se incorpore poco a poco en la actividad, al sentir que el adulto toma su palabra en los cuidados, se  siente capaz, eficaz y competente desde muy pronto, fomentando el desarrollo de la personalidad, la conciencia y la autoestima.

 

“Durante toda su vida, su personalidad, su imagen de sí mismo, el desarrollo del respeto por uno mismo, la asunción del papel sexual y, mucho más tarde, su comportamiento como padre están influidos por los cuidados de la infancia: es de la calidad de esos cuidados, es decir, de su carácter agradable o desagradable, tanto para el niño como para su educadora, de lo que dependerá la visión de su propio cuerpo, de estas funciones y de las experiencias que se le atribuyen.” Falk, 1980.

 

El adulto en los cuidados cotidianos

Los cuidados: El cambio de pañal, la forma de cogerlos, limpiarles los mocos, ponerles la ropa… no se realiza en función de lo que le resulta cómodo al adulto, sino en la forma más respetuosa para el niño.

Hay una técnica uniforme para todos estos cuidados ya que es importante por tratarse de una institución, así todos los adultos comparten una coreografía que al niño o la niña le da estabilidad. Se repiten los gestos, las palabras, la sucesión de los acontecimientos es parecida… lo que le permite al peque orientarse, anticipar el gesto, lo que va a suceder y acoplarse. Pero a su vez toma en cuenta la personalidad de cada niño, lo observa, se ajusta y cooperan mutuamente ¿qué pierna suele levantar primero Iker?, ¿Hasta dónde le gusta remangarse a Eva?…

 

El trato es paciente y siguiendo una secuencia

√ Siempre se prepara al niño para la siguiente parte de la acción: a través de la mirada, gestos, palabras, enseñando el objeto… con una técnica uniforme.

√ Se le da tiempo al niño para que las observaciones, preguntas o demandas puedan llegarle.

√ Se espera una respuesta, apropiada a la edad, que puede ser una expresión, un gesto, una voz…

√ Se realiza la acción.

Los gestos son lentos y pausados para que el niño o la niña puedan participar activamente.

El sistema de cuidadora referente o cuidadora propia

Un punto clave para favorecer esa estabilidad emocional y creación del vínculo, además de los cuidados de calidad y uniformes por parte de todos los educadores, es el sistema de educadora referente.

Cuando era orfanato y ahora como escuela infantil, los niños comparten varias educadoras, pero sólo una de ellas es la referente. El objetivo es que el bebé, niño o niña pueda recibir una atención individual y un trato personalizado también fuera de casa.

Los niños de un mismo grupo se “dividen” para que cada educadora sea la referente de un subgrupo. Ambas educadoras están con los niños (no tiene por qué ser al mismo tiempo, hay momentos que los que hay varios educadores en el aula y otros en los que hay uno solo) todos se dedican de los cuidados cotidianos de todos los niños, pero hay situaciones que sólo hace con su educadora referente, como: el cambio de pañal, preparar para la siesta y llevar hasta la cama, un cambio que es más largo de lo habitual y se habla de los acontecimientos del día; es el referente en la adaptación (la persona que la contiene, que está junto a la familia en los tiempos compartidos en el aula…)

Esta educadora referente es la responsable principal de unos niños y unas niñas que le son asignados, la que mejor los conoce: sus necesidades individuales, sus costumbres, sus respuestas particulares…

Es la responsable del bienestar y estado de ánimo armonioso. Todos estos datos, los aprende observando y lo comparte con sus compañeros educadores, a su vez que estos le comparten información de “sus niños”.

 

 

 

Imágenes:

  1. Foto cuidadora       

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