31. La provocación: Tipos.

Bloque 3: Aprendizaje y juego

31. La provocación: tipos

 

¿Cómo pueden ser las provocaciones?

La primera distinción que establezco es en cuanto al espacio ¿dónde se realiza la provocación? Y ¿qué espacio ocupa?

Las provocaciones pueden abarcar grandes espacios diáfanos o una zona del aula, aunque en ambas la filosofía que hay detrás es la misma, la que vimos en la lección anterior, cada una favorece cosas distintas.

Provocaciones en espacios amplios

Este tipo de provocaciones se realizan es espacios amplios y diáfanos cobrando protagonismo sólo los materiales preparados para la provocación, es decir, se retiran el resto de muebles, objetos, materiales que hay habitualmente en ese espacio…

La gran ventaja de este tipo de provocación es que los materiales suelen ser de mayores dimensiones y eso les permite a los niños y a las niñas vivenciar con todo el cuerpo, que como ya vimos, era importante en los primeros años, de esta forma vivencian los conceptos con su cuerpo como referencia: el arriba porque ellos mismos suben, el dentro porque ellos mismos entran, lo que es estrecho porque no les cabe su cuerpo, lo que está alto porque no llegan, lo que es grande porque no pueden abarcarlo con el cuerpo…

En función de los materiales seleccionados también favorece el encuentro entre los iguales porque pueden crear sus propios espacios con los materiales.

Otra ventaja de realizar las provocaciones en un espacio diáfano y diferente al aula es que permite utilizar materiales que manchan, dejando la sala tal cual cuándo acaba y acudiendo a recoger en otro momento, cuando ya no están los niños y niñas.

Pero realizar las propuestas en una sala aparte también tiene sus desventajas, la más importante es que todos los niños tienen que acudir a esta (aunque sólo sea para poder decidir si quieren o no participar) entonces ¿qué ocurre con el respeto a la individualidad?, ¿realmente todos los niños y niñas quieren participar? Si disponemos de personal suficiente como para que sólo acudan los niños y niñas que quieren ¿realmente el peque que se queda en el aula es porque no quiere participar o porque no sabe anticipar lo que ocurrirá?…

En cuanto al tiempo ¿todos los peques quieren participar a la vez?, ¿qué hacemos cuando unos comienzan a terminar pero otros todavía están inmersos en su actividad?, ¿cuándo determinamos el final de la sesión?, ¿con un horario?, ¿Cuándo acaban los primeros?, si es cuando acaban los últimos ¿qué hacen mientras los que ya han terminado?…

Por supuesto, aunque sea en una sala aparte, se respeta el deseo de cada niño y niña y no se les fuerza para que participen en la actividad, hay peques que necesitan primero observar lo que allí ocurre, otros que observan unos minutos antes de entrar en la propuesta, otros durante varias sesiones… tal y como hablamos en el primer bloque al hablar de autonomía, esta no se puede ni debe forzar. No hace falta que sugiramos, animemos, les hagamos probar, les mostremos los materiales… porque para que sea juego real, para que sea el juego que les permite aprender y desarrollarse debe de nacer del interior de cada niño y niña. Si no entra en la propuesta deberemos de comenzar observando cómo es nuestro vínculo y si se siente realmente seguro para poder dedicarse a jugar y explorar; después deberemos de observar sus necesidades y realizar nosotros propuestas que se ajusten a sus necesidades, no intentar que el niño se ajuste a las nuestras.

Por otro lado y también relacionado con el vínculo, hay que tener en cuenta si hay más personal que entra en los momentos de provocación para observar, para ayudar… si este es conocido por los peques, si hay un vínculo previo. Aunque muchas veces se hace con la mejor de las intenciones, no puede entrar personal poco conocido para ayudar a limpiar o vestir a los niños y niñas tras una propuesta, para que se quede con ellos a solas mientras nosotros preparamos algo… recordar la importancia del vínculo, de los cuidados cotidianos y la adaptación del primer bloque.

Y una pregunta importante ¿por qué y para qué lo hacemos?.

 

Provocaciones dentro del aula

Las provocaciones también se pueden preparar dentro del aula, en un espacio pequeño destinado a ella. En este caso, la principal desventaja es el espacio, no permite el movimiento por la sala y los materiales que se utilizan en consecuencia, son más pequeños. El niño o la niña ya no vivencia con todo su cuerpo, sino con las manos, que sería el siguiente paso.

Es cierto que si nuestros peques disfrutan de sesiones de psicomotricidad vivenciada y de un patio exterior adecuado y en el que pasar tiempo, la vivencia corporal puede llevarse a cabo en estos otros escenarios.

Pero las provocaciones dentro del aula suplen la principal desventaja de las que se realizan en espacios amplios: el respeto a la individualidad, a las necesidades y deseos.

Dentro del aula, que es un ambiente preparado, cada niño o niña puede encontrar propuestas que se ajusten a sus verdaderas necesidades y la provocación es una propuesta más, por lo tanto cada peque puede acudir a la misma cuando lo necesita, durante el tiempo que lo necesita, volver en otro momento… naciendo su uso de una verdadera motivación intrínseca.

La provocación cuando se coloca dentro del aula y si los materiales lo permiten, se mantiene a lo largo de un tiempo amplio, como puede ser toda la mañana. El adulto recoloca la propuesta cuando  lo cree necesario o la retira si el material se transforma y ya ha agotado su vida útil.

Es importante que la provocación, como ocurre con el resto de espacios del aula tenga un lugar fijo, en mi caso, las realizo sobre una mesa, pero podría ser igualmente una alfombra, un  palet… Es importante que se cree un límite visual que contiene el material y los peques saben que lo van a encontrar.

Yo personalmente no favorezco que los materiales de la provocación se mezclen con otro tipo de materiales de la sala, es un límite personal, pero que me permite en otras ocasiones ofrecerles materiales que manchan como pintura, masas, barro… sabiendo que este no va a ser mezclado con el resto de juguetes mientras mi atención está centrada en otro niño o en una situación de cuidado.

Es importante pensar sobre la ubicación espacial de la provocación, sobre todo si en determinadas ocasiones se van a ofrecer materiales que manchan, en ese caso es interesante ubicarla cerca del grifo o del baño, que no haya que atravesar toda la sala con las manos manchadas o cerca de otros peques que están jugando, así como alejada de otros materiales que no queremos que se mezclen.

Según el tipo de material que les vayamos a ofrecer es importante que la zona siempre esté al alcance de nuestra vista desde los diferentes puntos del aula y de la zona de cambiador.

Según la forma del espacio que va a contener la provocación favorecerá un tipo de encuentro u otro, no es lo mismo un espacio circular en el que todos se ven la cara que uno rectangular, no es lo mismo que la mesa está pegada a la pared que en un espacio abierto; según dónde se coloque la provocación favorecerá un tipo de apoyos corporales u otros, no es lo mismo una alfombra en la que manipular tumbado boca abajo, sentado o de rodillas que una mesa baja que favorece estar de cuclillas, que una mesa en la que permanecer de pie; también cambia la liberación de las manos y por lo tanto la capacidad  de manipulación con ellas, si el peque necesita las manos como apoyo para no caerse o perder el equilibrio no puede dedicar toda su atención a manipular. El espacio también condiciona el movimiento, si el peque se sienta, no se mueve tanto para coger nuevos objetos ni tiene un apoyo firme donde colocar lo que lleva entre manos…

También hay que tener en cuenta el material del soporte, si por ejemplo utilizamos una alfombra, amortiguará el sonido al caer y las construcciones serán más difíciles de llevar a cabo puesto que pueden volcarse y no permitirá el uso de materiales que manchan…

 

La segunda distinción que hago, es en cuanto a si el material se transforma o no.

Según los materiales que ofrezcamos en la provocación, esta a pesar de ser utilizada, no se transforma o puede que los materiales ya no vuelvan a ser los mismos.

Material que no se transforma:

Los cuatro ejemplos anteriores son materiales que a pesar de ser utilizados, no cambian, no se estropean al ser manipulados, el adulto puede recolocar la provocación cuando observa que el interés decae y son materiales que se mantienen de unas propuestas a otras. Si observáis en dos de las propuestas hay un pequeño rectángulo que vuelve a ofrecer un límite visual para su uso.

 

Material que se transforma:

El agua, la pintura, el barro, las plantas… son materiales que se modifican con su uso, que el adulto no puede recolocar para continuar utilizándose, sino que debe de retirar poco a poco si observa que ya ha agotado su vida útil.

Algunos de estos materiales además manchan, por lo que hay que planificarlo y tener en cuenta cómo recogeremos, cómo limpiaremos mientras los peques están en el aula y cómo les ayudaremos a limpiarse.

 

Imágenes:

Propias Laura Estremera

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