7. Necesidades V: Llanto y atención.

Bloque 1: Vínculo.

7. Necesidades V: Llanto y atención.

 

El llanto

El llanto es un medio de comunicación para los bebés, los niños y las niñas que aparece desde el inicio, antes que el lenguaje oral. El llanto siempre intenta expresarnos algo y es que nos avisa de que algo no va como debería.

Imaginaos un termostato, el llanto sería el indicador de que hay que hacer algo para volver a establecer el equilibrio que antes había, por lo tanto el llanto no es algo que haya que callar, sino algo que necesita ser respondido.

Es bien sabido por todos que hay corrientes que recomiendan ignorar el llanto, dejarles llorar hasta que se les pasa, esas corrientes conductistas no tienen en cuenta lo que ocurre dentro del cuerpo cuando no se atiende el llanto, ya que este está expresando una necesidad no satisfecha; no tienen en cuenta las emociones del bebé, niño o niña; no tienen en cuenta que aunque deje de llorar, la necesidad que intentaba manifestar seguirá presente.

Además para los adultos es muy duro escuchar llorar porque estamos genéticamente preparados para atender al llanto, es lo que ha hecho que nuestra especie sobreviva a lo largo de los años.

Cuando respondemos adecuadamente al llanto no se acostumbran a pedir todo llorando, al revés, favorecemos el apego seguro, el niño o la niña descubren que se les escucha, se les entiende, que son importantes, que el mundo es seguro…

En cambio cuando el llanto es ignorado, se desarrollan apegos inseguros, que se manifiesta en forma de ansiedad, más dependencia, miedo, más llanto… y en el peor de los casos, dejando de llorar, pero no nos engañemos, no dejan de llorar porque no lo necesiten, sino porque descubren que por mucho que lloren, no van a ser escuchados, no van a ser atendidos y eso es muy duro.

Os dejo un fragmento del documento Maternidad y salud que podéis encontrar en la página web del ministerio de sanidad del gobierno de España.

 

 

“Ainsworth y sus colegas han observado que los niños cuyas madres han respondido sensiblemente a sus señales durante el primer año de vida, no sólo lloran menos durante la segunda mitad de ese año que los bebés de madres menos sensibles, sino que están mejor dispuestos a aceptar los deseos de sus padres.” Bowlby. Una base segura.

 

Cuando el llanto es prolongado se reduce la oxigenación y aumenta el cortisol (la hormona del estrés) que puede producir cambios en la morfología cerebral y trastornos del apego social. Os dejo de nuevo un fragmento del mismo documento.

¿Y qué hacemos cuando no podemos satisfacer las necesidades del niño o de la niña?, ¿qué ocurre cuando lloran en la escuela porque quieren irse a casa y no es posible? Hay ocasiones en las que satisfacer las necesidades de los pequeños es imposible, aunque no podamos dar una respuesta directa a lo que nos piden, podemos prestarles atención, que también es una necesidad básica; permanecer cerca de ellos y si el niño o la niña lo acepta, contención, tacto, contacto… para que puedan expresar aquello que sienten, pero nunca solos, sino acompañados y escuchados.

 

La atención

Los niños y las niñas necesitan que les hagan caso, sentirse mirados, es una necesidad básica.

En nuestra sociedad creemos que hay niños y niñas que “se portan mal” para llamar la atención y que para dejen de hacerlo tenemos que ignorarlos. Algo realmente triste ¿qué necesita un niño o una niña que llega a “portarse mal” con tal de sentirse mirado y reconocido? Pues atención, además nosotros mismos lo decimos “lo hace para llamar la atención ¡pues démosles atención! Seguramente ese niño o esa niña ha intentado que el adulto lo reconozca de otras formas, pero es muy común que mientras un niño o una niña “se porta bien” antepongamos otros quehaceres antes de prestarles atención, muchos niños y niñas tienen que recurrir a la única forma con la que consiguen que el adulto les haga caso y aunque eso suponga una reprimenda, lo prefieren, porque la atención es una necesidad básica que no debe de ignorarse. Por supuesto si prestamos atención a nuestros niños y niñas, los miramos, los comprendemos, hablamos con ellos en los momentos de cuidados sobre lo que han hecho, se sentirán reconocidos y no necesitarán ir hasta el extremo para recibir aquello que tanto necesitan.

Incluso cuando no podamos satisfacer otra necesidad básica, como cuando un bebé tiene hambre y tardamos un tiempo en preparar el biberón, podemos hacerles caso, decírselo, quizá al principio no entienda nuestras palabras, pero se sentirán reconocidos.

Dentro de esas corrientes que tienen poco en cuenta cómo es el desarrollo real del niño, su cerebro, sus sentimientos, sus emociones… hay una tendencia a frustrar a los peques o a demorar sus necesidades con el objetivo de que aprendan a “tolerar la frustración”. Es muy cruel hacer sufrir a un bebé, un niño o una niña a propósito con el fin de quererles “enseñar algo” en la vida hay suficientes situaciones que les generan frustración, en las que no podemos hacer nada para solucionarlo o que tienen que esperar, como para “hacerles sufrir” en otras situaciones. Los bebés, los niñas, las niños, aprenderán a tolerar su frustración, aprenderán a demorar sus necesidades cuando estén preparados para ello, cuando saben que el mundo es seguro, que los adultos que les rodean son de fiar, que les atienden… cuando tienen apegos seguros. Además la parte del cerebro que permite demorar las necesidades ¡ni siquiera está  madura en los niños pequeños! Por lo que no aprenden a tolerar la frustración, aprenden a resignarse, a no pedir, a “no molestar”, pero la necesidad continúa estando presente.

 

Sintonizar

Hasta aquí os he hablado de necesidades de la primera infancia que deben de ser reconocidas y satisfechas como: el contacto, la alimentación a demanda, el sueño, el llanto, la atención… y que deberían de ser una prioridad en la escuela infantil y en función de las cuales deberíamos de organizar el ambiente, nuestra acción, las actividades, las propuestas…

Pero no sólo es importante tenerlas en cuenta, es que el adulto que está con los bebés los niños o las niñas, sea en el hogar o en el aula, tiene que ser capaz de sintonizar.

El adulto tiene que ser capaz de percibir las señales que el niño emite, comprenderlas y darles respuesta. Es decir, interpretar correctamente las señales que los peques nos emiten, parece sencillo, pero no lo es.

Un ejemplo es el caso de las madres deprimidas, que a pesar de estar como madres preparadas biológicamente para tal interpretación, a pesar de que esa interpretación  es interdependiente y recíproca, pierden la sincronía y no interpretan correctamente las señales. No solo hay que tener la intención de responder sensiblemente a las demandas y necesidades, también hay que saber percibir las señales, comprenderlas y por último, darles la respuesta adecuada. ¿Qué ocurre cuando no se les puede dar respuesta? Si hemos conseguido recibir las señales e interpretarlas correctamente, solo nos faltaría el último paso, responder a ellas de forma adecuada y lo más rápido posible, cuando no se puede porque es imposible, es importante que seamos sinceros y se lo comuniquemos, les prestemos atención y acojamos las nuevas emociones que se despierten.

descárgate aquí la lección en pdf

CONTENIDO EXTRA

1. Os pongo un ejemplo del experimento “el rostro inexpresivo” para que veáis cómo afecta al bebé la falta de sintonía y atención. Cuando en vez de ser una prueba de laboratorio es un entorno natural con una figura de referencia que por diferentes motivos no puede dar respuesta al bebé, este acaba no pidiendo atención ni interacción, pero sintiendo una gran angustia interior. Son niños y niñas que desde nuestra ignorancia catalogamos como “buenos”, que “no te enteras que están”, pero son peques que sufren porque dejan de pedir lo que saben que no les van a dar.

2. Sobre la atención y las “llamadas de atención”.

3. ¿Recordáis que hablamos de auto observación? Os voy a proponer un ejercicio para que intentéis llevar a cabo durante unos días (lo ideal sería integrarlo en vuestra práctica diaria). 
Me gustaría que ante 
el llanto de un peque, fuerais capaces de auto observar los cambios fisiológicos que se producen en vuestro cuerpo, que seáis capaces de conectar con vuestro interior con vuestra respiración, latido cardíaco, tensión muscular, tics, mandíbula, manos… ¿Qué mensajes os envía vuestro cuerpo cuando escucháis llorar?. 

4. Continuación del ejercicio anterior. Y tras auto observar vuestro cuerpo ante determinadas situaciones, quiero que vayáis a vuestras emociones y sentimientos. ¿Qué siento ante el llanto?, ¿qué me despierta?. Para unos puede ser una necesidad de hacerlo desaparecer, para otros puede ser tristeza, para otros ira, o inquietud, malestar, sentimientos de no saber hacer bien nuestro trabajo, culpa… Es muy personal, pero es importante conocernos.

5. Otro ejercicio para que lo llevéis en mente durante unos días. En la lección os he hablado de atención y sintonizar. Con los contenidos en mente, os invito a que observéis interacciones entre adultos y peques prestando atención a cuántas señales de los peques muchas veces son ignoradas (generalmente, inconscientemente) por el adulto. 
Si no podéis observar, también sirve para este ejercicio (y es más revelador) grabarse uno mismo un ratito en el trabajo y después analizar la secuencia.

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