29. Vivenciar la realidad.

Bloque 3: Aprendizaje y juego

29. Vivenciar la realidad

Imaginaros que llega el invierno y queremos transmitírselo a nuestros alumnos porque sabemos y la ley nos dice, que el conocimiento del entorno es importante en esta etapa, entonces decidimos decorar nuestra aula de “invierno” y aprovecharemos la situación para que “aprendan” el color blanco. Preparamos unas bolas de algodón que colgaremos del techo y les diremos que es nieve, también unas estrellas que simulen la nieve y les pondremos algo de purpurina para que brillen, pintaremos con ellos muñecos de nieve y pingüinos esquiando con gorro y bufanda, que son muy graciosos, por supuesto con pintura blanca y los pegaremos por las ventanas, también decoraremos cartulinas estampando huellas blancas. Como sabemos que las actividades sensoriales con importantes, programaremos una actividad con espuma de afeitar que también es blanca y otra en la que nos tiraremos bolas de papel de periódico diciéndoles que jugamos con la nieve.

¿Qué recibe el niño o la niña de tal situación? Este tipo de planteamientos se realizan comúnmente en las aulas de infantil pero ¿hemos reflexionado sobre ellos o todo vale?

En primer lugar: el papel, el algodón, la espuma… es papel, algodón y espuma, no es nieve. Nosotros podemos simbolizar y esos materiales nos pueden evocar a la nieve, utilizamos la función simbólica que se adquiere a partir de los 2 años y partimos de la experiencia previa: primero conocemos la nieve, hemos estado en contacto con ella, sabemos lo que se hace con ella y lo representamos con otros materiales; para una niña o un niño  pequeño, carece de significado porque no tiene los conocimientos previos, la vivencia, además cognitivamente es posible que todavía no pueda hacer un uso simbólico y entender que una cosa intenta representar la otra (que función de, en qué lugar geográfico viva, ni siquiera ha conocido) además no tiene ni el peso, ni la temperatura, ni la textura, ni el olor, ni la vivencia de la nieve.

Sobre el “color blanco”, los peques ven todos los colores desde que nacen  ¿por qué intentamos segmentar la realidad de una forma tan artificial? Los colores los ven desde que son bebés, en todo caso, lo que aprenderán será el nombre que se le da a ese color en concreto, que en función de cuál sea, hay una gama completa y los peques tiene que descubrir que todos tienen el mismo nombre, desde el azul cian, al oscuro y al turquesa, resulta que todo es azul. Pero algo tan sencillo como “saberse los colores” implica abstraer las características de un objeto: si es pesado o ligero, el material, su forma, su uso… y quedarnos e interesarnos sólo por el color, por una característica. Este proceso lo adquieren de forma natural cuando hablamos con ellos, cuando les estamos contando que les estamos poniendo los calcetines blancos, en situaciones cotidianas y van aprendiendo todos los colores al mismo tiempo porque el mundo tiene todos los colores. No es necesario que retiremos los juguetes y saquemos sólo las construcciones blancas, las pelotas blancas, decoremos de blanco y pintemos de blanco para que adquieran el concepto de blanco.

Sobre las fichas, ya hemos visto cómo se desarrollaba la inteligencia y la importancia del juego, del movimiento, de la vivencia… los peques no necesitan utilizar fichas para aprender conceptos o vocabulario, necesitan vivenciarlo, utilizarlo en el contexto real.

Por último ¿por qué les ofrecemos imágenes irreales que no se corresponden con lo natural?, ¿por qué tendemos a caricaturizar todo lo que ofrecemos a la primera infancia?, ¿desde cuándo los pingüinos esquían; desde cuándo utilizan gorro y bufanda;  desde cuando sólo viven en invierno, acaso mueren en el resto de las estaciones; y qué vivencia puede tener un peque sobre lo que es un pingüino? Debido a las características del estadio sensoriomotor y preoperatorio, los peques adquieren todo como si fuera real y existiera y además lo interpretan desde su propia perspectiva, para ellos todo es posible. Por eso en tantas ocasiones tienen miedo a cosas (que les hemos contado los adultos) y que por mucho que les digamos que “no existe” para ellos es real, porque han visto la imagen, lo han imaginado y no son capaces de diferenciar entre realidad y fantasía, capacidad que adquirirán sobre los 6 años con el desarrollo del estadio de las operaciones concretas (aquí podríamos reflexionar sobre qué cuentos les contamos, con qué objetivo y si al hacerlo estamos causando más perjuicio que beneficio, así como qué imágenes ven a través de las pantallas).

¿Qué sentido tiene ofrecer algo que no es real? Para los peques que ven esas imágenes les puede resultar adecuado que los pingüinos esquíen y se vistan con ropa ¿qué necesidad hay de ofrecer imágenes tan pobres y falsas? Lo mismo ocurre cuando les ponemos cara a las plantas, lo árboles, la luna, vestimos a los animales… les presentamos una realidad falsa, que luego deberán “desaprender”. 

Si lo que queríamos era que los peques descubrieran los cambios que se producen en la estación ¿no huera tenido más sentido esto?:

¡vivenciar!

Salir al exterior, sentir el frío, utilizar la ropa adecuada y si ya nieva y sientes la sensación de los primeros copos de nieve en las manos… es un aprendizaje que no se olvida, real, que es significativo, en el que hay una implicación emocional, una vivencia. Los datos en cambio, cuando son mostrados “desde afuera”, se olvidan.

¿y si no nieva? ¡Pues que vivan cómo es la estación en nuestro lugar geográfico! Tienen muchos años por delante para descubrir lo que es la nieve y en cambio hoy, ahora, pueden descubrir lo que es la estación.

 

“El niño necesita en la formación inicial saber y aprender qué es una flor cogiéndola con las manos, mirándola directamente, oliéndola, aprendiendo y distinguiendo el tacto de los pétalos (…) solo así  no olvidará jamás y anclará además sus futuros conocimientos abstractos de forma sólida, sobre cimientos perceptuales emocionales reales, directos. Solo así construirá luego las ideas de forma más consistente y procederá con ella a las reflexiones y las construcciones racionales y las hipótesis de una forma más consolidada”. Francisco Mora, Neuroeducación

 

“Aprender bien en esos primeros años requiere de un instrumento básico que se resume en la espontaneidad, el placer, el juego motor sencillo y lo sensorial directo y asequible”.Francisco Mora, Neuroeducación

 

Vivenciar

Los bebés, los niños y las niñas para aprender necesitan vivenciar, esto significa que descubren lo que significa arriba subiendo arriba, lo que es dentro metiéndose dentro, lo que es estrecho descubriendo que no les cabe su cuerpo, lo que es grande cuando todo el cuerpo no lo abarca…

Esta vivencia inicial implica a todo el cuerpo, el exterior y la sala de  psicomotricidad vivenciada son espacios ideales para vivenciar con todo el cuerpo.

Este peque ha descubierto que la puerta mide tanto como él.

También podemos realizar propuestas y provocaciones que impliquen el uso de todo el cuerpo.

Después de haber vivenciado con todo el cuerpo, los peques comienzan a vivenciar y descubrir los conceptos con las manos.

 

Aprender de la realidad

Las imágenes, los dibujos… no se pueden tocar, girar, no tienen el tamaño, el peso, el olor, el sabor, la textura… de un objeto real. Para nosotros es sencillo trabajar con papel porque tenemos las experiencias previas con los objetos, pero para ellos no lo es, primero necesitan conocer el mundo, ir desde lo concreto hasta lo abstracto.

“Familiarizados desde hace tiempo con el uso del papel, a los adultos les suele costar mucho identificar las dificultades específicas que aporta esta forma de representación. La más importante viene del hecho que el uso del papel solo permite en todos los casos una representación plana de la situación que se quiere aludir. Ahora bien, esa representación obedece a muchas  reglas convencionales, desconocidas por los niños y las niñas de educación infantil”. Catherine Berdonneau, Matemáticas activas.

 

 

“El paso de ponerlo en papel, rara vez resulta un buen sistema en esta etapa: en efecto, veremos que los alumnos se ven divididos entre una tarea gráfica, que a esta edad no está automatizada y la tarea específica de la que trata el aprendizaje que están realizando; su cerebro aún no está capacitado para concentrase lo suficiente en esta última”. Catherine Berdonneau, Matemáticas activas.

 

Como ya vimos, los bebés, los niños y las niñas aprenden de forma activa, moviéndose, en contacto con la realidad, jugando, equivocándose, probando, descubriendo…  el ser humano se construye a sí mismo, no aprende sentado, absorbiendo conocimientos que le llegan de forma pasiva y  desconectados de su emoción. Por eso es importante ofrecer un ambiente rico, con propuestas, donde los niños y las niñas puedan encontrar oportunidades de juego y por lo tanto, de aprendizaje.

 

 

Imágenes:

Fotos propias de Laura Estremera

Descárgate aquí el pdf de la lección

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